Castilla y León ante el malestar docente. Cuando los datos confirman una crisis estructural
El profesorado de la enseñanza pública no universitaria en Castilla y León atraviesa una situación de malestar profundo que ya no puede explicarse como una suma de problemas puntuales o percepciones individuales. Los datos del estudio estatal sobre las causas del malestar docente, elaborado por la Confederación de STEs-Intersindical, sitúan a la comunidad dentro de un patrón común al conjunto del Estado: sobrecarga de trabajo, falta de recursos, aumento de la conflictividad y pérdida progresiva de reconocimiento profesional
Aumento de las agresiones a los docentes
Uno de los indicadores más reveladores es el clima en las aulas. En Castilla y León, el 81,66 % del profesorado considera que se están incrementando las agresiones verbales —y puntualmente físicas— por parte del alumnado. Aunque el dato se sitúa ligeramente por debajo de la media estatal, que alcanza el 83 %, el porcentaje sigue siendo contundente. El estudio aclara que estas agresiones no se limitan a episodios graves registrados oficialmente, sino que incluyen faltas de respeto, actitudes insolentes y una disrupción constante que deteriora el ambiente educativo diario. En este contexto, “dar clase ya no es lo que era” se convierte en algo más que una consigna: es una descripción de la experiencia cotidiana del profesorado.
La presión no procede únicamente del alumnado. El informe señala que más de tres cuartas partes del profesorado, a nivel estatal, perciben un aumento de las agresiones verbales por parte de las familias. Aunque no se desglosan cifras específicas por comunidad en este apartado, Castilla y León comparte este diagnóstico general, que apunta a un deterioro de la relación familia-escuela y a una creciente sensación de desprotección del docente ante conflictos cada vez más frecuentes.
Ratios elevadas y pocos recursos para la atención a la diversidad
A esta conflictividad se suma uno de los factores que el profesorado identifica como centrales en su malestar: las ratios elevadas y la escasez de personal para la atención a la diversidad. Más del 91 % del personal docente considera que el número de alumnos por aula impide ofrecer una respuesta educativa adecuada a un alumnado cada vez más heterogéneo. En Castilla y León, esta realidad se cruza con el aumento sostenido del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo y con barreras de aprendizaje, un fenómeno que ha crecido de forma muy superior a la inversión destinada a recursos humanos y apoyos especializados.
Paradójicamente, los indicadores de abandono educativo temprano muestran una evolución positiva. Castilla y León ha pasado de tasas cercanas al 37 % en los años noventa a situarse en torno al
10,8 % en 2024, un descenso notable que la coloca por debajo de la media estatal. Sin embargo, el estudio advierte de que este logro ha tenido un coste oculto: la permanencia en el sistema de alumnado con perfiles diversos, sin que se haya producido un refuerzo proporcional de plantillas, orientación educativa o servicios de apoyo. El resultado es un profesorado a quien se exige más y se siente menos respaldado.
Falta de respaldo y reconocimiento por parte de la administración
El malestar también tiene una dimensión claramente laboral. A nivel estatal, más del 85 % del profesorado considera que la administración no le respalda lo suficiente y cerca del 90 % estima que su salario no es adecuado ni se ha revalorizado conforme al aumento del coste de la vida. Castilla y León no es una excepción en este diagnóstico, que conecta directamente con la percepción de pérdida de poder adquisitivo y con la dificultad para conciliar la vida personal y profesional en un contexto de jornadas ampliadas y disponibilidad permanente.
Pese a todo, el estudio recoge una aparente contradicción: una mayoría del profesorado afirma sentirse satisfecho con su trabajo. Esta paradoja, que también se observa en los informes internacionales de la OCDE, se explica por la fuerte vocación profesional y el compromiso con el alumnado, no por la calidad de las condiciones laborales. De hecho, solo algo más de la mitad del profesorado considera su trabajo digno y adecuado, una cifra que revela hasta qué punto la satisfacción convive con el desgaste.
Las conclusiones del informe son claras. El malestar docente en Castilla y León no responde a una coyuntura pasajera ni a problemas aislados de determinados centros. Forma parte de un modelo educativo que acumula tensiones: burocracia asfixiante, ratios incompatibles con la atención adecuada a la diversidad, falta de recursos, conflictividad creciente y una pérdida sostenida de apoyo institucional y reconocimiento social.
Cuando estos mismos patrones se repiten en comunidades con realidades demográficas y educativas distintas, los datos dejan poco margen a la duda. No se trata de una cuestión de actitud del profesorado ni de su capacidad de adaptación, sino de decisiones políticas y organizativas. La advertencia es explícita: si no se produce un cambio de rumbo, la consecuencia será una escasez creciente de docentes, una pérdida de calidad educativa y una deserción silenciosa de profesionales formados.
En Castilla y León, como en el resto del Estado, los datos no buscan generar alarmismo, sino poner cifras a una realidad que el profesorado lleva años señalando. Porque, como recuerda el propio estudio, sin docentes no hay educación, y sin educación no hay ciudadanía ni democracia. ● STECyL-i




